Sunday, August 19, 2007

write the sun down for me

put

your lips down on the paper

leave the paintbrushes.

mold your breath directly into ink.

into words

stabbing a paper.

to allow me

to feel

one real thing.

to give me; to make me

a break from my lies; who i was.

leave your oil paints there

to dive into my thick blue

to drag this weight up

for me

to remember i could

float

write the sun down for me

because you can.


Wednesday, August 01, 2007

reflexiones sobre otras excepciones

La maternidad

No la condición; el departamento del hospital que resalta. Al hospital todos vienen porque duele, porque se muere, con miedo a lo que van a encontrar, con pies pesados, con ojos grises.

Excepto, a la maternidad. La puerta de entrada siempre está llena de niños, tíos, papás, abuelos, amigas, hermanos, estudiantes, globos, flores, peluches y otros regalos colorinches y caras impacientes.

El otro día en que los funcionarios salieron a gritar: "'¡Un trabajador unido jamás será vencido!" (asumo que alguien les desmembró el resto) todo el hospital se vació cuando la gente fue a curiosear la manifesteación. Pero la maternidad siguió llena hasta el tope como chiva. Voy a tener que ir a buscar las estadísticas, ¿cuántos niños pueden salir de ahí al día? El departamento de multiplicar a la gente. Entra como 8 y salen 9.

En maternidad en vez de evitar la muerte, se bienviene la vida, o las ratas, y perdón a las madres recientes, pero a sus repollitos me he acostumbrado a llamar ratitas por lo arrugado y lo pequeño. Lo que uno nunca ve es la procesión tras la ratita. Todos esperan, pero dificultosamente se los alcanza a ver saliendo con el premio a su paciencia.

Acá en el cuarto de urgencias escucho los llantos de las recién estrenadas viudas. Y me perdonarán la falta de sensibilidad: uno se acostumbra al frío del cuarto y de la muerte. Allá estaría oyendo anécdotas de antojos, alergias, pies hinchados, gorduras y otras calamidades de los 9 meses. Y quizás, estaría entonces insensible a la alegría. Me quedo acá.

Esa entrada que más bien es salida, del cuerpo, de la espera, rompe las reglas como buen adorno de la vida. Bueno, por lo menos adorno de mi camino a clases y a casa. Le hace revolución al hospital como deberíamos hacerle todos a mucha tradición.

Y de todo esto me acordé, porque de la otra maternidad, la culpable de que exista el departamento y yo y tú y todo, me dijo José que le dijo no sé quién: "Se pierde la virginidad de la fe para adquirir la maternidad de la razón".